diumenge, 15 de juliol de 2012

Hablar es quitarle dramatismo.


Verónica Guzmán, 41 años y madre de tres hijos de 16, 15 y 12. Y lo empezó a repetir cuando llegaron las primeras preguntas sobre marihuana. Entonces, Verónica sentó a los chicos y les dijo que si fumaban quería saberlo, que ella alguna vez había probado pero que nunca olvidaran que se trataba de una droga y que hacía daño. “Es actuar con sinceridad, yo necesito, deseo que mis hijos confíen en mí.



“Se habla de marihuana en la mesa familiar –asegura Alicia Donghi, codirectora del centro de rehabilitación AAbra–, habrá que ver si eso es bueno o malo, pero es algo que está ocurriendo”. Carlos Souza dirige la Fundación Aylén. Allí, de cada treinta consultas que atienden sólo dos están relacionadas por consumo de marihuana. “Hay una naturalización clarísima, eso es evidente”, sostiene Souza, quien asegura que en cinco años se redujeron a la mitad esas consultas.



Los especialistas coinciden: hay una mayor tolerancia social. Y las estadísticas del Sedronar lo confirman: en un estudio específico sobre esta sustancia, sólo la mitad de los consultados consideró que el consumo ocasional –alguna vez o probar en una o dos ocasiones– representa un “gran riesgo”. Pero otro dato termina de reforzar la idea: en 2006, opinaba así el 62,6 por ciento de las personas. Cuatro años después, el porcentaje bajó diez puntos: 52,9 por ciento opina que fumar de vez en cuando resulta peligroso.




“En una década la percepción de gran riesgo del consumo ocasional ha decaído tanto en población adulta y joven como en adolescentes, con lo cual podemos sostener que hay una mayor tolerancia frente a su consumo experimental y ocasional”, confirma Graciela Ahumada, a cargo del Observatorio Argentino de Drogas de la Sedronar.


Celina Caballero es maestra en Berazategui y madre de un adolescente de 15 años. Sabe que algunas veces su hijo se junta con un grupo de chicos que fuman: “Es algo que me preocupa mucho pero creo que prohibiéndole que vea a sus amigos es peor. Yo le insisto con que nadie puede obligarlo a fumar, que él puede decir que no. Y le cuento que cuando yo era chica tenía un grupo de amigos que fumaba y que nunca me obligaron a hacerlo”.

El 8,1 por ciento de la población probó al menos una vez en su vida un cigarrillo de marihuana. Un porcentaje pequeño si se lo compara con el 73,9 por ciento de los que tomaron alcohol.

En 1950, la película “Marihuana”, con Pedro López Lagar, elevaba una pitada casi al mismo nivel de un viaje de éxtasis. Hoy, los personajes “fumones” aparecen en películas de chicos –en Reyes de las Olas, un pollo que anda con un cigarro en la mano es quien gana el torneo de surf– y también son protagonistas en horario central –Graduados, por caso–. 

“La aceptación social es algo preocupante –asegura Carlos Damin, Jefe de Toxicología del Hospital Fernández–, sobre todo cuando uno ve el antecedente del alcohol. Está asumido que un chico puede terminar en una guardia, y lo mismo ocurre con los medicamentos. Hay una tendencia demasiado permisiva y muchas veces esta aceptación es la antesala para cuadros muy graves de intoxicación”.
Para Donghi, con la marihuana está ocurriendo lo mismo que pasó con el tabaco en los setenta: “Se sabía que hacía mal pero era tolerado.

Para los jóvenes, fumar un porro ya no es transgresor.
Es algo que no sabemos dónde va a desembocar”. Souza coincide con este diagnóstico: “Hay una relación pendular. Por un lado, pareciera que hay menos estigmatización que muchas veces es rayano con una persecución hitleriana.

Cambió el nivel de censura social.
Pero por el otro, el padre que le resta importancia corre el riesgo de no darse cuenta que su hijo puede terminar en un consumo problemático. Un chico de 16 que fuma regularmente está en alto riesgo. Habrá que ver el péndulo de qué lado termina”.



En esta época de cambios, la negativa rotunda de la Iglesia a despenalizar el consumo convive con una Corte Suprema que avala los fallos que tienden a aceptar el consumo personal. Desde la medicina, ya no se cataloga más a los consumidores entre “uso, consumo y abuso”. Hoy, hasta en el Sedronar se incluye la categoría “fumador experimental” para marcar diferencias entre el que prueba y el adicto. Y la cultura cannábica hasta se refina. Los fumadores discuten sobre variedades y compran semillas por Internet. La revista THC –exponente de esta cultura– es una de las más refinadas del mercado. Moria Casán, Mario Pergolini y Ricardo Darín –próxima tapa de THC– son algunos de los que no tienen reparo en contar sus experiencias en una Argentina que hasta intenta discutir la despenalización en el Congreso.


http://www.clarin.com/sociedad/Marihuana-aumenta-tolerancia-charla-familiar_0_737326371.html

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