diumenge, 14 d’abril de 2013

Centros privados sin ánimo de lucro para poder fumar cannabis cumpliendo las leyes



 
Ningún cartel ni elemento exterior deja entrever que hay en el interior. Y en caso de anunciarlo seguramente pocos lo imaginan tal como es. Detrás de la puerta una pequeña sala donde recibir cualquier visita o hacer los trámites previos a tener acceso. Detrás otra puerta un espacio extremadamente nieto, muy bien iluminado, amplio y con espacios diferenciados. Una zona con mesas para leer, estudiar o estar con el ordenador. Al lado un espacio con sofás y televisión. También  hay un futbolín o la opción de jugar a la consola. Destaca un espacio de relajamiento, ubicado al fondo de la sala.


Y más allá de este espacio comunitario, una oficina y una sala para hacer masajes y otros tratamientos de carácter terapéutico. Mucho más de lo que desde el desconocimiento se podría esperar de un club social cannábica, es decir de la sede de una asociación de consumidores de marihuana.
Es Cannamitch, el único de los tres centros sociales CANNABICOS que funcionan en el municipio que está federado en la Federación de Asociaciones Cannábicas (CatFAC). No quieren hacer ninguna publicidad de su actividad pero tampoco quieren esconder nada. Ya hace unos meses que están abiertos, "todo empezó cuando descubrimos que se podía hacer, que era legal, así que nos asesorar a través de la Federación y lo tiramos adelante" explica Eli, una de las responsables.
Han adecuado el local para reducir las posibles molestias, han instalado incluso un sistema de limpieza de aire para evitar olores y hasta la fecha "no hemos tenido ningún problema con los vecinos".

Su actividad se fundamenta en el hecho de que el consumo de cannabis es legal. Un hecho que se ha extendido a través de resoluciones judiciales que han declarado también en la ley el autoconsumo compartido. Pero desgraciadamente hay poca más reglamentación, lo que permite que no todos los centros siguen las mismas condiciones y que obliga a las propias entidades a autorregular su funcionamiento.

Cannamitch lo hace siguiendo las directrices de la CatFac. "Tenemos un reglamento por el cultivo y también mucho control en cuanto al consumo ", comenta Eli. Sólo pueden acceder socios y para serlo hay que tener más de 21 años y ser avalado por otro socio. Además se les hace una entrevista personal previa para establecer la idoneidad. Tienen estipulado un máximo de consumo por socio al mes y es básica la previsión de consumo para ajustar la producción a las necesidades y no generar excedentes. Se han marcado un máximo de socios, en la actualidad ya son más de 100 que sólo una cuarentena retiran regularmente. Autoabastecen con un cultivo propio de interior, que no quieren hacer público para evitar robos.

Y es que uno de los principales problemas sociales con que se encuentran los propios clubes es la actividad que en los últimos años se está generando en torno a la burbuja cannábica, con el aumento del interés ciudadano, la proliferación de tiendas de productos de cultivo y de asociaciones de consumo. Este auge se está dando sin una regulación clara de modo que la mala praxis de algunos puede perjudicar la imagen de otros.

Es por ello que desde algunas asociaciones, aunque entre sus fines está luchar por la legalización, reclaman que cada vez es más urgente una mayor regulación del autoconsumo. No en vano se calcula que en Cataluña más de 300 entidades cannábicas y no más del 20% están federadas en alguna de las dos federaciones existentes.

En los últimos años han proliferado los clubes de consumo y las tiendas para el cultivo

Según datos del 'Plan Nacional Sobre Drogas' en 2011 casi uno de cada diez ciudadanos había consumido en los últimos doce meses. Un consumo que va más allá del ocio adolescente, de hecho la edad media de los socios de las asociaciones supera los 30 años.

El Eli nos confirma que la imagen de los consumidores de cannabis dista mucho de la idea generalizada, "puedes encontrar de todo, muchos vienen al club porque quieren consumir pero no quieren meterse en problemas buscando cannabis en la calle y cada vez son más los que lo utilizan con carácter terapéutico”. De hecho desde Cannamitch uno de sus objetivos principales es el activismo cannábica, "damos la cara contra las mafias", ya la hora también fomentar el consumo responsable "recomendamos que no se fume cannabis y tabaco al mismo tiempo", así como otras formas de uso.

 "Estamos muy interesados ​​en los beneficios que genera para reducir las molestias a personas con dolores crónicos o enfermedades, contamos con un masajista y también tenemos la posibilidad de derivar a un médico de la Federación", explica asegurando que los masajes con aceite de cáñamo o el consumo del cannabis por ejemplo en magdalenas, para quien no quiera fumar, tienen beneficios demostrados. Aseguran que la información, la regulación y el consumo responsable evitarían también que el cannabis pueda ser la puerta de entrada a drogas más perjudiciales, "nadie apunta el alcohol como el origen de adicciones peores y es más peligroso”. En ambos casos el problema es el uso que se hace.

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