dijous, 10 de maig de 2012

El mayor museo del cannabis del mundo abre en el centro de BCN


Primera advertencia: que nadie espere encontrarse un enorme coffeeshop en el 35 de la calle Ample, en el Gòtic sur. El Hemp -cáñamo- Museo Galería es mucho más y mucho menos. O sea, es un espacio dedicado a informar y acercar a los visitantes a la planta del cannabis como «fuente versátil para fines industriales, nutricionales, medicinales, sacramentales y recreativos». Pero ni se fuma ni se comercializa con marihuana. Barcelona no es Ámsterdam, aunque esta albergue al hermano gemelo del nuevo museo, solo que el holandés ronda los 100 metros cuadrados, y el barcelonés, con 900 y un total de 6.500 piezas, será el más grande del mundo. Su apertura oficial será este viernes, aunque se presentará en sociedad esta noche con la entrega de los Premios de la Cultura del Cannabis, que contará entre los galardonados con el empresario Richard Branson, fundador de Virgin Group y miembro de la Comisión Mundial sobre Políticas de Drogas. Un defensor a ultranza de la despenalización del cannabis.
El espectacular museo llega ocho años después de que este diario anunciase la decisión del empresario Ben Dronkers (fundador del museo de Ámsterdam y de todo un imperio de plantaciones legales y de usos industriales del cáñamo) de convertir en Barcelona en cuna de la mayor galería del mundo. Su voluntad se ligó al hallazgo, casi fortuito, del sensacional Palau Mornau, del siglo XVI. En el 2002 era un edificio en decadencia con destellos neoclásicos y modernistas, pero con el peso del abandono tras haber sido sede de Xarxa Cultural. El potentado holandés inició sin prisa el proyecto de resurrección, que tomó carrerilla en los últimos cuatro años.
El resultado del lifting liderado por el arquitecto Jordi Romeu, que ha devuelto la vida a sus vidrieras y techos pintados a mano, merece ya de por sí una visita, más allá de los tesoros históricos que ahora cobijará.
¿Qué se puede ver en el museo galería? Pues cualquier cosa vinculada a la planta del cáñamo o cannabis sativa. Disfrutarán de él por igual los que quieran profundizar en las propiedades y particularidades de esta droga blanda (sea para ocio o como terapia para infinidad de enfermedades, empezando por el cáncer), como de su uso industrial. Sin ir más lejos, la exposición la integran tanto frescos del siglo XVII que muestran que fumar marihuana formaba parte de la cotidianidad de la época, como artilugios que explican cómo se tejían telas y se construían muebles y embarcaciones (como la Santa María que llevó a Colón a descubrir América). El mensaje de fondo de Dronkers es que el cáñamo es un material sostenible, cuyo cultivo controlado es sencillo y evita el uso, mucho más agresivo, de otros materiales para fines completamente comunes: desde muebles hasta interiores de automóviles, explican en el museo.
POLIFACÉTICA / Una de las salas, donde el mensaje es la despenalización de la marihuana, detalla en fotos zonas de cultivo del tercer mundo, donde la ilegalidad propicia estructuras de tráfico y la explotación humana. En otra, cientos de aceites y preparados constatan usos medicinales desde antaño. Y no falta iconografía vinculada a personajes e ídolos (de Popeye a Bob Marley) y documentación sobre su consumo por parte incluso de Shakespeare.
El fondo, expuesto en vitrinas de teca reciclada, forma parte de la infinita colección de Dronkers, con alguna pieza cedida. Un interesante periplo que culmina con una tienda con pósteres, imágenes y pipas en los bajos del edificio.